El monje intena hacer un descubrimiento,quitar el velo, de-velar el misterio que lo devora, que lo invoca. El monje, que ayuna y lava sus pies con el agua helada del deshielo se pregunta... ¿puedo?. El monje, solitario, reza sus primeros servicios de la mañana, se inclina, ante el relicario de cuero negro que cuelga de la pared de adobe...y se tuerce, se retuerce una y otra vez hundiendo sus costillas, arrojando el cuerpo sobre sus rodillas desnudas. El monje que se despoja de sus ropas y balbuceando entre dientes sus últimos sacramentos que arroja sobre su lomo, con la fuerza de un toro, los doce abalorios de acero que desgarran su piel a veces, solo a veces pregunta...¿puedo?
-Que sencillo hubiese sido para las palomas, en el tiempo de su reproducción, contar con unas buenas manos-. Pienso...mientras sentado en una banca de plaza Almagro mato los minutos con un sandwich de milanesa que se me atora con cada engullida. -Ahí va otra más-, son varias decenas de grises plumíferos que se agolpan a mis pies, a la espera de una miguita que por casualidad se desprenda del pan. Luego la cantidad se duplica con los machos que urgidos por la presión reproductiva se suman a celebrar el ocasional banquete gastronómico-azoroso, inflando sus buches coloridos en procura de una palomita para la instantánea cópula.
Ellos giran sobre si mismos en una danza que roza lo ridículo, siguiendo a las hembras que picotean, impasibles al bailoteo de los machos, las migas y las semillas que un jubilado les arroja desde una banca a mi lado y que como una garúa amarilla se dispersan sobre los zocalos de la plaza.
-si estos bichos tuviesen manos-, continúo en mi soliloquio, -¡que deleite!, que delicia sería para un aburrido transeúnte que asesina sus minutos en una banca de plaza o para un jubilado que mata sus últimos minutos en la vida, contemplarlas sumidas en unas copulas dignas de las bacanales Griegas, Romanas o Etruscas.
Preludio a un estudio de “Un hombre serio” de los Hermanos Coen
En el prólogo de “Conceptos de Filosofía de la historia” de Walter Benjamin reeditado recientemente por la editorial Caronte, la filósofa Hanna Arendt describe el fatídico vínculo entre el filósofo Berlinés, que se suicidara en 1940 en la frontera entre Francia y España en plena huída del ejército franquista, con un ser llamado “Pequeño jorobado”. Este personaje pertenece a ciertos cuentos alemanes de hadas al que Benjamin citaba frecuentemente en sus escritos y en muchas de sus conversaciones. En ellos el autor del “libro de los pasajes” recordaba como su madre se refería al jorobado en una frase que bien podría ser producto de las pequeñas y primigenias calamidades en la niñez del filósofo: “Mr Bungle le envía sus saludos”. Y así, al recorrer la vida de Benjamin, Arendt advierte la patita misteriosa del Sr Bungle oculta tras una pared o bajo alguna mesa, lista a provocarle un nuevo acontecimiento catastrófico, haciéndolo tropezar en una serie de trágicos eventos, “de amontonamientos de escombros” escribe Arendt, que concluyen con su suicidio en Portbou el 27 de septiembre de 1940.
Referirme a Walter Benjamin, y en particular a este pasaje del prólogo de Hanna Arendt en el que menciona al Sr. Bungle es un poco obra de la casualidad y en todo caso un capricho aventurero en mi pretensión de tratar de interpretar la película de los hermanos Coen “Un hombre serio” a la luz del concepto de catástrofe de Benjamin. Ponerme bajo la escabrosa piel de este film que narra la historia trágica del profesor de física del medio oeste norteamericano Larry Gopnick, (Michael Stuhlbarg) quien vive en un suburbio judío norteamericano de clase media de los años 60, y que lentamente avanza sobre un campo regado de tropiezos catastróficos, a saber: su mujer, una devota madre de familia judía que le anuncia con toda la parsimonia de una señora avezada en la filosofía new age, que lo engaña con un poco respetable gigantón de la villa, también conocedor de esa relajante filosofía de buenas intenciones y consejos del tipo “contar hasta diez”. Luego su hijo, acosado por un compañero de su colegio hebreo, próximo a convertirse en un judío íntegro a raíz de su Bart Mitzvah, comienza a experimentar nuevas miradas sobre la tradición, a partir de las nebulosas volutas de la marihuana, llegando a verdaderos momentos enteógenos al son de las estrofas de Somebody to Love de Jefferson Airplane. Otra de las catástrofes acaece de la mano de sus compañeros de trabajo de la universidad, quienes en tono amable le informan del peligro que corre su postulación al cargo de profesor titular en física, por unas cartas anónimas que circulan entre los despachos de las autoridades académicas. En las misivas se lo denuncia como autor de una supuesta coima cometida en perjuicio de un estudiante oriental de intercambio. Y por último Michael su hermano, obsesionado con la perfección de un sistema matemático e imposibilitado de armar una vida fuera de los límites de la casa de su hermano.
Un Hombre serio
La película comienza con una narración al estilo Midrashim o parábola Jasídica, ambientada en un poblado judío de Europa del este en el medioevo. El relato, casi un cortometraje previo a la historia del film, versa sobre el percance de un judío de esta aldea europea que siguiendo los preceptos de hospitalidad invita a cenar a su casa a un hombre justo, quien acepta respondiendo a la invocación de la Mitzvah (precepto). Cabe aclarar que los personajes de esta historia, que abundan en las lecturas jasídicas, son el arquetipo del judío piadoso temeroso de Dios y surcado de tradiciones, pero asimismo, como en el caso de esta historia, también de supersticiones sobre los espectros malignos (los Dybbuk). y precisamente, es la desconfianza de la mujer del hospedador hacia este visitante (que presumiblemente se halla muerto), la que desata lo que podría ser entendida como una victoria sobre el mal, o una verdadera tragedia.
Los Coen inscriben en esta suerte de primer acto, una de las claves esenciales del film, esto es, dejar libre a la interpretación de los espectadores ciertos pasajes vitales de la narración de la película, casi como las interpretaciones mismas de los pasajes de la Torah en el estudio de la Cábala. Pero también y en esto me voy a fundar en el relato de Arendt, por mucho de los escritos de Benjamin.
En esta primera historia, se perciben algunos elementos claves que como vasos conductores se irán colando hacia el relato de Larry. Uno de ellos es, lo que en palabras de Yosef Yerushalmi podría describirse como la refracción en la memoria arcaica del pueblo judío a partir de su ingreso en la modernidad y su consecuente historiografización. Pues los hermanos Coen proponen un contraste exquisito desde el fin de este pequeño y estético relato propio de la tradición oral del pueblo hebreo; tosco, frío, iluminado al calor de un brasero; con el otro relato situado en un escenario también habitado por judíos, pero, y aquí la magia del cine dispone el contraste: muy luminoso, coloreado hasta la estridencia, armónico, y sobre todo, moderno. En el pasaje del relato del Dybbuk con el de la villa en la que vive el desdichado Larry ubicada en algún suburbio del medio oeste norteamericano, puede advertirse una primera mirada crítica sobre el lugar de la tradición judía en la era moderna.
El otro elemento pero en este caso que no se funda en el contraste de ambas historias sino que las unifica, es el humor, y sobre este condimento quisiera señalar que no es casual ni meramente estético su uso, ya que desde el humor como limite representacional los Coen desmarcan los límites de lo que se “puede contar” y lo que “no se puede”, en torno a la tragedia, o sea el signo de la catástrofe en la historia del pueblo hebreo. Los Coen utilizan en este sentido en la mayoría de los casos un humor negro, que provoca esa risa que muy bien describe el director de la editorial “La Nariz”, quien en 1972 al prologar el libro “Mundo Inmundo” del dibujante Roland Topor decía: “Hay huesos en nuestro cuerpo -los codos, las rodillas-, que al recibir un golpe nos produce una desconcertante sensación: sentimos deseos de llorar y reír al mismo tiempo, ambas reacciones brotan juntas, entremezcladas, en dosis idénticas. La misma cantidad de risa y de llanto, como reacción ante el impacto que nos causa un dolor alegre o una alegría dolorosa".
Mr Bungle hace de las suyas con Larry del comienzo al fin de la película, pero la magia de los directores reconvierte y transfigura el sentido de lo trágico moviéndonos a una suerte de risa dolorosa una y otra vez, las catástrofes que asolan a Larry son el protagónico; a partir de ellas los Coen ubican en escena el trágico vínculo del judaísmo con la modernidad; pero en uno de los momentos históricos en que la modernidad resultara ser cuestionada mas candentemente es decir a finales de los años 60 y comienzo de los 70. Aunque siempre valiéndose del humor como corolario perpetuo ante el drama.
El hijo de Job.
El Libro bíblico de Job, uno de los textos sapienciales del antiguo testamento, narra las peripecias de Job, un judío habitante de la ciudad de Ur. Un hombre de fortuna y temeroso de Hashem (Dios) que resulta ser víctima de todo tipo de vicisitudes (llamémosles catástrofes) a las que lo somete el diablo por la decisión de Dios quien busca de esa forma conseguir poner a prueba su fe. Job, ante tales acontecimientos, pide la ayuda de tres amigos, que intentan consolarlo con vanas explicaciones sobre el origen de las desgracias como el resultado de sus propios pecados. Luego de la infructuosa ayuda de sus tres amigos, Job busca a un cuarto colaborador quien arguye el hecho de que si Dios está poniéndolo a prueba, esto se debe a que es posible que lo haga en función de templar su espíritu y su alma.
Los paralelismos con la historia de Larry pueden enumerarse sin problemas, su historia bien podría ser una libre adaptación de los Coen del mencionado relato bíblico. Pero por desgracia un elemento fundamental me remite, en este breve trabajo, más a Walter Benjamin que a Job, ya que al concluir la historia bíblica Job es increpado por Dios a raíz de sus numerosas quejas, quien en última instancia termina por restituirle toda su fortuna. Al concluir la película de los Coen, encontramos a un protagonista que recupera la confianza académica, resuelve el conflicto con sus hijos y esposa, pero inmediatamente después recibe la llamada de su médico con los resultados de sus análisis, los que se anuncian como una de las últimas zancadillas del señor Bungle en su vida. Asimismo en la comunidad, un huracán amenaza desde el horizonte con arrasar todo a su paso, un viento trágico, un huracán que se encima en el horizonte de la pequeña villa y presagia una nueva calamidad y con ella la perpetuidad del avance catastrófico de la historia.
Los Coen proponen en este último gesto artístico la metáfora, o en todo caso la alegoría “Benjaminiana”, quien explicaba en su tesis IX en relación a un cuadro de Paul Klee adquirido en su juventud llamado “Ángelus Novus” la escena en que se encuentra dicho ángel, aquí resumida y comentada por Michael Lowy (2002) en el libro “Aviso de incendio”: "hay un cuadro de Klee que se llama “Ángelus Novus”. En él vemos a un ángel que parece estar alejándose de algo mientras lo mira con fijeza. Tiene los ojos desorbitados la boca abierta y las alas desplegadas. Ese es el aspecto que debe mostrar necesariamente el ángel de la historia. Su rostro está vuelto hacia el pasado. Donde se nos presenta una cadena de acontecimientos, el no ve sino una y única catástrofe, que no deja de amontonar ruinas sobre ruinas y las arroja a sus pies. Querría demorarse, despertar a los muertos y reparar lo destruido. Pero desde el paraíso sopla una tempestad que se ha aferrado sus alas, tan fuerte que ya no puede cerrarlas. La tempestad lo empuja irresistiblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras frente a él las ruinas acumulan hasta el cielo. Esa tempestad es lo que llamamos progreso”. En esta escena del Ángelus Novus descripta por Benjamin podemos perfectamente imaginar una Correspondencia Baudeleriana con la escena final de la película de los Coen. En ella podemos ver entrecruzadas el momento en que Larry recibe la noticia de los resultados médicos, con la de su hijo en la escuela hebrea quien junto con sus compañeros de clase son trasladados al sótano por la proximidad del huracán, aunque la llave de la entrada a ese sótano resbale en los dedos del portero y la puerta no es abierta.
Nunca antes se había sentido el poder devastador del progreso, ese sueño de la razón moderna que terminó dando vida a la maquinaria monstruosa de Auschwitz e Hiroshima, como en los años de la posguerra. Y fue la intensidad de las revueltas de los 60 y 70 el momento en que ese sueño de la razón fue mas duramente cuestionado. Había un espíritu revolucionario que se respiraba en las reivindicaciones tanto del Mayo francés como en la revolución de la Cuba socialista, y es ese el momento histórico crucial en que los Coen ubican la historia de Larry y transponen el relato de sus propias vidas. En definitiva, allí estuvieron ellos, obedeciendo el mandato bíblico de zachor (Recuerda)
En la escena final vemos a Danny Gopnick, (el hijo de Larry) junto a quien lo ha acosado durante todo el film con el fin de que le sea devuelta una radio a transistores, esperando ingresar al sótano que los guarecerá de la tormenta. La radio, verdadero objeto moderno, fue en el transcurso del relato de Danny la portadora de la llama que ha revolucionado su mirada del mundo y de las tradiciones judías, es decir el Rock de los 60 y en particular la música de Jefferson Airplane. El acosador, de cara al huracán, brevemente voltea su rostro hacia su adversario, que lo mira desde atrás, desde las ruinas de la historia, donde “se amontonan los escombros”. Y es ese el preciso instante en que ambos intuyen un enemigo mayor la mirada que se prodigan los hermana, los une ante un Dios que no devuelve como a Job la tranquilidad a sus vidas, sino que amenaza con destruir una vez mas todo lo que conocen. Para concluir quisiera volver a referirme a Michael Lowy (2003) y en particular a una observación que hace de la tesis IX de Benjamin en relación al “Ángel Novus”, dice Lowy: "¿cómo detener la tempestad?, ¿como interrumpir el fatal avance del progreso?. Como siempre la respuesta en Benjamín es doble: religiosa y profana. En la esfera teológica se trata de la misión del Mesías; su equivalente o correspondiente profano no es otro que la revolución. La interrupción mesiánica revolucionaria del progreso es, por lo tanto, la respuesta de Benjamín a las amenazas planteadas a la especie humana por la continuación de la tempestad maléfica y la inminencia de nuevas catástrofes.
Sacar a gritos
los gritos,
golpear el cuerpo
contra el reflejo
de otro cuerpo
nacer identidades
al fuego intenso
del rojo carne.
Dormida
Contra el muro del mundo.
Dormida.
Tu sombra
de súcubo nocturno
da dentelladas
a mis ojos...
es caricia y penumbra,
es distancia.
Dormida.
Es pureza que desgarra,
es el llanto de un lecho
en el que se ha tendido tu cuerpo,
y en el que solo queda
la hojarasca de tus sueños.
Artaud y el cine
La imagen
la luz
24 mundos por segundo
la esencia... un flujo inacabado
de estertores y llantos,
de amores amplificados,
de sonido
y muerte.
I
Me esperan las tardes del mundo
Me esperan las voces de tus manos,
Me espera esa agonía solar
Cuando brazos y besos
Fabrican vientos de colores.
Me esperan las tormentas de tus vocablos
Sembrando en mi vientre
El tibio reflujo
De tu cuerpo de amante.
Papillón
Escuchemos los sonidos
de esta lágrima,
hasta sacarla de nuestras manos ateridas
por tanto viaje infinito.
que suene como el cristal,
como suenan los encuentros
y las despedidas.
esa es la música de nuestras vidas,
no son los dioses con sus estériles designios.
sino nosotros,
quienes manamos entre flujos y reflujos
como borbotones de pasos
y
maremotos de sueños.
Descanso
Si se recuestan tus parpados
si la manos se te expanden
y los pies abrazan la hierba
si el viento te hincha el vientre
y se aplacan las palabras
si el silencio
(cuna de todo beso)
te hamaca sueños en las manos.
Entonces
solo entonces
has realmente descansado.
Soliloquio
Ego y deseo
El que escribe y el que busca son imagen y reflejo:
uno se gesta en el otro.
el "espejo-deseo".
Yo y mi imagen se unen en el deseo,
el deseo...ese destructor!
-da miedo no?-
-si asusta-.
-lo se-
Tal vez exponerse sea una batalla ganada,
porque ambas partes se aplacan,
un yo expuesto
y un yo poeta huérfano de su poesía.
Por eso el artista debe deshacerse de su obra,
de esa forma aplaca esta lucha infernal en la que se ha convertido
se convierte en cuarto creciente
a veces,
otras en cuarto menguante.
mientras...cada una:
el yo expuesto
y el yo poeta huérfano
retornan a sus rincones
a sus moradas naturales.
Biblios
Encontré la biblioteca.
Allí, volúmenes
y mas volúmenes
forraban las paredes negras de polvo.
Abajo,
entre los escombros de miradas irredentas
y de babas desaforadas,
muy abajo,
sobre el frío mármol regado
de quejumbrosas voces,
se encuentra mi sombra
atrapada entre los pliegues
de la misera costumbre
que tienen las formas humanas.
Necropsia
Tengo mucho sueño
las ojeras pesan como escombros
como cadáveres de sueños
colgando de los ojos.
Otoño
Otoño,
en cuyo vientre
la búsqueda de tibieza
conlleva el regreso,
a la patria de los ocres,
a las imágenes desarmadas tras los vidrios acuosos
a las noches prematuras.
otoño
postergado viaje
al centro de la caracola,
al origen que nos nombra.
Postal
Recónditas figuras
habitadas de palabra.
Nacen del silencio
de ningún otro sitio,
abrevan en la fuente
de los recuerdos.
En las mazmorras
abismales del tiempo.
Postales,
sueños rotos,
arrugadas,
discontinuas,
de colores descompuestos
y ceremonias olvidadas.
Isla
La voz de mi padre me llega
como perdida en un mar tormentoso,
como el lamento de un ahogado
que sucumbe envuelto por olas
de bostezos y sentencias.
En tanto,
mis manos,
arrojan puñados de arena sobre las aguas.
tal vez algún día
sobre esa arena pueda descansar de tanto ahogo
y dejar de morir.
Utopía
Sos la materia de los sueños,
mis palabras te merodean
como lisonjas a destiempo,
como cadencias sonoras que embeben tus ojos
de invisibles besos.
Renuncia
Debería ser
un deber natural
que nos vuelva el cuerpo de simio,
las agallas de la mangosta,
el sonido de una ballena
la robustez de una hormiga
los sentidos perdidos.
y así abandonar
la cultura,
las palabras,
y los trajes oscuros
que dormitan en el subte.
volver a los sonidos
que titilan en la noche,
o a la certera renuncia
que nos inspira la mañana.
Don Sixto Palavecino (1915-2009)
Tejedor de coplas
con tu violín
de nota emplumada.
juglar de profunda música.
del canto de la tierra,
de las semillas cuando rompen,
del viento y la sangre,
o del niño cuando duerme
al arrullo de una nana.
Tus canciones campesinas,
me dejaste en la infancia
sonidos de esta tierra
que me corren por las venas
y se me alojan en el alma.
Barroco
Trazas con oleos
caminos de mapa desconocido,
tierras en las que se suicidan mis miradas.
esta búsqueda,
de expedicionario
sigue tus rastros conjurados
de canciones,
o besos.
y en procura tu cuerpo,
(tesoro ausente)
cavilo palabras
que jamás he dicho.
al fin
recostado en tus sueños,
esa ocre hojarasca de otoño
en la que yace mi sombra
me anuncio exiguo,
perdido entre tus dedos,
como el murmullo amarillo
de sol,
o la tierna sentencia del tiempo.
Torre de Babel
Torres de marfil, de jabón, de incienso, de corcho, de látex, de cemento o de hormigón, de madera balsa, de madera dura, de tela, de alas de mariposa, de arrullos maternos o paternos, torres de colores, torres de papel, de celofán verde, rojo o amarillo, torres de neon con ascensores supersónicos, torres de hielo, de nieve, de fuego, de aire. torres tan altas como la mirada...y aun así... dios sigue allí, sentado en su trono, sin sentir la cosquilla de nuestros dedos bajo la planta de sus pies.
Conjuntivitis divina I
Tomó dios una navaja,
y abriendo grande su único
y celeste ojo fisgón.
lo abrió, de un tajo;
como una tibia vagina,
como una granada madura.
Conjuntivitis Divina II
Y dios brincó de terror
No quiso ver más,
Se negó a la sombra
y los colores,
Se negó a fisgonear.
Noche
Noche.
Una noche mas, densa, exánime…
noche, inmóvil noche.
En la noche todo se encuentra consigo mismo, en la noche suceden cosas, mínimas, silenciosas, suceden historias baratas, filmadas por ojos noctámbulos. Suceden miles de pequeñas escenas de soledad sin las condiciones naturales de socialización, sin las estériles intervenciones fluctuantes de los buenos consejos. Es la hora de la verdadera muerte, esa que existe en su posibilidad. porque es la noche, la que me hace escupir mis recuerdos como un purgante tomado en exceso, cada una de las horas de la noche, es un poco mas de noche-purgadora tragada, es un recuerdo nuevo que vomito, y salpica las sábanas y su cuerpo dormido a mi lado fatigado de tanta soledad. De tanta soledad.
Gala & Dalí S.A
Me abrí la camisa y te mostré el pecho, como un ojo emblemático.
Sentiste las nauseas del sexo apretándote el cuello y cuando te diste cuenta del poder de mi cuerpo, cuando te cansaste de tu pasión masturbatoria, me pintaste. Tomaste tu falo-pincel y le diste color y luz a este seno marchito, pudiste escenificar, el poco mundo que aún nos sobrevive en los labios.
Frontera
Amanecí en un nuevo lugar, exactamente en el límite con la muerte.
Donde me encontraba parado, hasta el otro lado, había solo unos pocos pasos de distancia. Tras la línea de la muerte no había más que la continuación del desierto que mis pies pisaban. Me pregunte entonces ¿cual era el misterio?, ¿que nueva situación sería esa?, ¿por que ocupar los minutos y las horas de mi tierra en prepararme para vivir del otro lado, ¿para que transcurrir con la intensidad de una tormenta, con la sal y las lagrimas macerando durante años en mi boca?.
Decidido a resolver este misterio y verificar que el fin de mis miles pasos no son mas que el paso numero uno, que el espejo que refleja es espejo y es imagen a la vez, tomé una piedra entre mis dedos y la arrojé con todas mis fuerzas hacia el otro lado de la frontera. Pero el guijarro, luego de varios tropezones quedó ahí mismo, mudo, y estático. Entonces al ver que nada comprobaba, tome un pájaro que se había posado en mi pecho y lo arrojé también al otro lado de la frontera. El ave, luego de unos pocos revoloteos fue a posarse justo al lado de la piedra que antes había arrojado. Como nada de esto me consolaba, tomé un impulso de mil infiernos, retrocedí mil pasos y luego tomando carrera volví sobre estos hasta que justo en el borde, exactamente en la línea fronteriza pegue un salto enorme y caí junto a la piedra y el pájaro, levantando una gran polvareda.
pasaron unos instantes o una eternidad, y cuando el polvo hubo descendido, cuando la excitación por el salto se hubo aplacado, comprendí que nada sucedía. Y allí quedé, estático, esperando junto al pájaro y a la piedra, volver a la vida.
Verano
Esa tarde,
El siseo pedante del calor
Sudaba el jugo de mis sueños,
Aprisionados en mis labios
Como gajos de palabras.
Rebotaban en un lugar abandonado,
En “Una sombra de libros”…
Tanto sueños como miradas.
Y en la penumbra
De aquel lugar,
Tu cuerpo agazapado,
En cuclillas,
Parecía un cántaro con agua fresca
y livianas melodías,
Una fuente de sabios manantiales
A la espera de saciar
La sed de mis silencios.
Enojo
Olvídense
de tomar un sueño entre los dedos
de que la materia
que empuja la carne
desde adentro
hinchando los pies
y los brazos
encuentre un cauce,
una grieta amigable
y salir borbotones
como el agua de un grifo
como
la risa de un niño
Yo
Llorando un dolor ajeno
aprendió a caminar
esta sombra nacida
en el mundo
luego nacieron las palabras
los rincones
los talismanes
los puentes habitables
y las tibias lagrimas.
MARIPOSAS
Un haz
de pensamientos plegados
temblor larvario
que danza
frotando sus patas
en las paredes del capullo.
Calcinando un invierno
al que le sobran
primaveras.
Nacimiento
A Isabela Durand
Desde una secreta frontera
vedada a la razón,
desde un lugar
que te guardaba
desde el comienzo de los tiempos
llegaste,
para nacernos.
Viaje
se atasca
la luz
en las rugosidades
que nacen
del suelo.
Su densa y plástica
estela cromática
arrulla al mundo
en un etéreo
murmullo de movimiento.
Deseo
Devorar es volver al principio, es decir a la soledad del deseo
en el deseo hay uno que devora,
y hay un otro que dándose cuenta del juego
también desea, y devora (o no)
es un juego de dos carnívoros que explotan
con deseos abrasadores, el cuerpo del otro
dos almas que, como dos espejos de imágenes torcidas
buscan (llevados por el deseo… en un acto narcisista) devorarse.
y este juego comienza incluso antes del primer beso
antes de la primera cópula.
Porque cuando esas cosas comienzan
también comienza una inercia,
y en la inercia, el deseo retorna
a su pozo solitario.
Hastío
La eterna promesa
La víspera.
Correr tras quimeras
Con la esperanza cansina.
Agobiada de trasuntar
metáforas
en papeles ajados,
fermentando lagrimas.
Marejada
Ad-hiero a solaces
tonos y palabras.
Me hacen llegar
casi a la metáfora
pulida
y perdida.
me hacen llegar
esta marejada indómita
de sal y espuma
que arrastra
sueños y piel
en cada lamida.
Beatrice
Con el cuerpo entre las manos, fui a casa de Beatrice.
caminé despacio, por la calle CM rumiando los mismos temas de conversación, y gestos ensayados. Al principio la sorpresa aniñada, luego las reflexiones y por último la confesión. !Ah!, me repetía en ese soliloquio callejero -caerá rendida, y yo, con el cuerpo entre las manos se lo brindaré en holocausto, ungido de dulces aromas para el sacrificio.
La calle repetía en un eco silencioso "tenés que cojerte a la vida" y todo se había convertido en un gran guiño de ojo, y un pulgar en alza. mi cabeza proyectada por las lámparas de sodio color naranja sobre la vereda, desplegaba los pelos al viento de junio como si fuese medusa convirtiendo en piedra todo lo que observa mientras repetía como en un siseo de serpiente "tenes que cojerte a la vida".
Caminaba a la casa de Beatrice listo a conquistarla y nada más, listo a bucear con la ayuda de todo mi sexo en el agitado mar de los "no se que me pasa" los "me siento extraña esto es muy pronto" de los "¿esto es solo sexo?" y los "no busco pareja pero si conocer a alguien".
Ante la puerta de hierro con un entretejido de alambres de su departamento se me terminó la calle, el número once indicaba un paso hacia su mesa, hacia sus labios y finalmente hacia su cuerpo al que entregaría mi cuerpo aún encerrado entre mis manos.
pero cuando las cortinas se hubieron cerrado, cuando la luz nos dejó en penumbras y las frazadas se fueron empapando con nuestro calor, cuando la canción de la danza fue abriendo brazos y cerrando ojos, mi cuerpo, que nunca fue muy obediente, que no le gusta las prisiones ni los cerrojos se me escurrió de las manos, como se escapa una mariposa, en un soleado día de primavera.
impalpable
Amerizan,
tambalean por ripios de piel
los dedos que pasan
del contorno
al retorno,
del inicio
a la caída
a la muerte
impalpable e
inapelable
de tu aliento.
Hoy: yo-yo-yo-yo (universoyoístico)
Escribir en mi
me hace uno
me des-acierta
des-enfoca
mi...
mi...
yo...
exiliado de esta fiesta
con las guirnaldas en el cuello
y el globo
que danza en la mano.
echado...
humillado.
Bailando el ritmo
de las sombras
o los pozos
atorado entre pisos
con las ruedas bajas
yo
afuera
inservible
envejeciendo
cansado.
Mil y una noches
El amor lo encerró
En una pequeña botella
que arrojó sin miramientos
a los profundos abismos del mar
Juró entonces, entregar su vida
Y todos los placeres de la tierra
A quien lo liberase del embrujo
Pero mil años pasaron
Y nadie lo liberó.
Juró entonces ser uno
Con quien lo libere del encierro
Y nada más
Pero otros mil años pasaron
Y nadie acudió.
Hasta que al fin,
Tras siglos y siglos,
Una joven hermosa
Arrojó sus redes
Y lo arrastró a sus orillas,
Pero al destapar la botella
Solo dio con un cuerpo
Ávido de destrucción,
Ensañado a muerte con quien tardó
Demasiados años,
Demasiados siglos
Para rescatarlo
De los abismos del mar.
Matar A dios
Si tan solo
tuviese la voluntad de Federico
y declarar la muerte
del por siempre muerto
como un aviso clasificado
en la sección funerarias.
si tan solo fuera capaz
de un exilio de vanidades
y matar al cuerpo
desnudar-desanudar
vencer la trampa
de sus dedos tiempo
sus sucios dedos
dedos muertos
ahogados en el
barro tibio de mi piel.
Talismán
A Eli
Recibo el talismán
el agujero
la lana y el color
la protección,
la cueva,
el mundo,
la fiebre.
Recibo de mano
de las manos
el abrigo,
la mansedumbre de
este espacio
del que sangran silencios,
y sombras,
y murmullos.
Ya ni se
Le dije:
tus suspiros de ansia cansada
tus lejanos taconeos
el esquema de la poesía
las palabras de tus manos
las formas de tus tormentas
tu vejez
la vejez.
ella...dijo
tus tormentas
tus palabras
la poesía
y siempre...
siempre la vejez.
Cuento instantáneo
De lo que se concluye, nada de irnos para atrás, no?
-no se de que estas hablando, primero decís que te jode verte al espejo o contra los muros de las personas, pero cuando tenes la oportunidad de mandar todo a la mierda preferís cantar un tango y llorar eso que nunca fuiste. no, la verdad no te entiendo.
(el humo comienza a inundar aquella escena)
-es decir, nada de irnos para atrás no?
-no te entiendo, o sea que si el hoy para vos es una profecía incumplida, si para vos, estas manos que somos y estos pies que nos andan las calles y los puentes, fueran de alguien que los extendía como un mendigo, hace muchos años atrás, ¿todavía te darías el lujo de seguir dudando?.
-es que quise decir, nada de irnos para atrás no?
-y por que dudas?, por que ese "¿no?" te sale a atiborrarnos de dudas?
-porque hacia atras, supongo que no iremos, no?
-pero podríamos ir hacia arriba o hacia abajo, podríamos torcernos hacia la izquierda
(si, eso a la izquierda, ¡¡cuantos sueños de juventud¡¡)
-está bien dame la mano y esa pierna que se te pudre. Metela en esa bolsita carrefour, y sigamos hacia adelante, siempre hacia adelante.
-como cuando éramos chicos, te acordas?
-si, como cuando éramos chicos.-
Nacimiento
Celebro el nacimiento de tus horas,
porque de ellas,
te nacieron
entre llantos,
y gritos.
Todas las palabras,
que echaron a andar.
Breve interpretación del insomnio
Las cargas que en la noche
suben al vagón,
justo cuando quiero dormir:
murmuran.
Sisean.
se apretujan,
no ceden los asientos
a las cargas embarazadas,
lanzan bocanadas de humo negro,
son cargas de oficina
que a cada rato ojean
en su muñeca
el tiempo que se les va.
II
Abismos y superficies,
aguas quemadas,
fronteras infinitas,
senos y mañanas…
nacemos vocablos
con el único fin...
de zurcir el mundo.
Agua Quemada
Otra Noche nace,
cuando los hilos
de los dioses
tejen sueños.
Otra noche nace,
lágrimas negras,
y horas descarnadas.
Nace otra noche.
Me nace la noche de tu pelo
lamiendo mis miradas.
Espalda
Esta espalda
me esquiva su frente.
Marcha con su caravana
se sueños y sepulcros,
como saliendo siempre
al encuentro
de una partida.
III
Se van abriendo estos cuerpos que soy.
Y el que persiste,
con paso quejumbroso
me muere
Entre remolinos
de piel
y hojarasca
Sierras
Con infinito grito de sierras
se enruida mi piel.
Abriéndose en
grietas insondables,
o arrugándose
como montañas
de papel corrugado,
o explotando,
como cada atardecer.
uno y medio
Esta semblanza de
Intrépidos deseos,
Sombras, luces.
Este algo que se esconde,
y resulta
Invisible,
este alguien que busca
Algo real:
Un frío en las manos,
Un amanecer en junio,
Esas grietas por donde ver
de que esta hecha la vida,
de que materia son los sueños
de que colores
son,
los cuadros que cuelgan de mi mente.
BS AS
Es claro,
la vida
en este sitio
no adormece,
no nace ni muere.
Perdura
y muta en monosílabos tangueros.
Gran manzana mordida
gran pastel de miasma
gran comida de órganos y sombras
gran capricho
robado al tiempo.
IV no llamo a la partida,
y ésta
no es reclamada a ser.
No parto "hacia",
sino que soy parte
en cada llegada.
V
Lo que se antepone,
interpela
Asediado en los matices del tiempo
el umbral
grita rechinos melancólicos
y traga oscuros designios
de misterios.
la poesía
se ante-pone.
e
interpela.
VI
Aún los cantos
perviven en la piedra.
Voces
gritos
danzas.
Aún
esta memoria
nos pertenece.
ANTESALA DEL INFIERNO
Una cornisa
invita
aunque no todos lo sepan,
a saborear aromas
al viento,
a sentir
compases eléctricos,
a corromper
el estado natural de las cosas
a caer
solo por mostrar...
que aún
Existe la caída.
VII
EMPEZAREMOS A CONOCER:
MAGISTRALES ELOCUENCIAS,
INSTITNOS FEROCES,
RACIMOS DE MANOS,
EN LA BABA DE LA NOCHE.
EMPEZAREMOS POR SABER:
DE LATITUDES CONEXAS
DE PENSAMIENTOS Y FALANGES
MOVIENDOSE COMO SERPIENTES
DE ESTAS HORAS,
DE ESTOS RITMOS.
DE QUE LA MUERTE,
COMO DIJO EL POETA
ESTA ENAMORADA
DE LAS OBRAS DEL TIEMPO.
VIII
Del polvo,
de las manos,
se elevan ventanas,
se abren espejos,
se olvidan oraciones,
se en-tierran los vientos,
se empañan mis ojos.
De las manos,
del polvo,
se escapan
los cuerpos.
CONSTANZA
En este flujo
y reflujo
de partículas de tiempo
esta mirada nacarada
hace,
al nacer.
y en su recorrido circular
nacen mis espacios
nacen mis pies
mis manos
mis ojos
que contemplan
con dulces arrumacos
su nacimiento.
CONSTANZA II
Naciste,
y las manos de la tierra
te mecieron junto al sol,
y la luna te cantó bagualas
hoy naciste
y nació el mundo,
y nació todo lo que tu voz va a tocar
DISTANCIA
Hoy todo es distancia
distancia de tu cuerpo,
tus manos son distancia,
tus senos son distancias,
tus ojos son distancias,
tus caminos son distancias.
Hoy
mis distancias
son tu cuerpo
dibujado
en este húmedo
colchón vacío.
Ruido
semejante
a estas palabras,
Inconclusas oraciones
En hipérboles trasnochadas
Ruido
Como sardinas enlatadas
Raspando el metal de mi cabeza
Ruido
A sonajero
A baba desconsolada
A cicatriz abierta.
Supe por un documental sobre la guerra-genocida de la triple alianza entre paraguay Brasil y Argentina (1864-1870), de una historia magnifica. Esta trata sobre una pareja de ancianos paraguayos, ambos pisan lo 80 y tantos y viven en un pequeño pueblo cerca de Curupayti, lugar que fue testigo en 1866 de una de las peores masacres conocidas de la historia de América. Ya que cuándo la intención de un conflicto bélico es imposibilitar a un pueblo ostentar el patrimonio de ser una potencia económica e industrial, como lo era Paraguay durante toda la primera mitad del siglo XIX, arrasando sus tierras junto con casi toda su población masculina, no se habla de guerra, sino de genocidio. Como decía, gracias a este documental conocí la historia de dos ancianos que evidentemente son de los pocos que recuerdan las historias de la guerra tal y como la vivieron sus padres, es decir, que son el ùltimo puente vivo con esa terrible historia ya que no la leyeron en los libros de historia, no la vieron en un documental sino que recibieron los testimonios de primera mano, de la propia voz de quienes pudieron sobrevivir a la masacre.
COSITAS BRILLANTES
-“¡historias del taita!”, me decía. “Ya vas a ver, algún día voy a rescatar toditas las cositas brillantes”. Le creí y me casé. Orita espero. Ahorita solo espero
Natividad estiró su arrugado cuello como un acordeón de cuero curtido; buscaba en la atención de su marido algún gesto de aprobación a sus palabras; pero no, ni la mirada ni la voz de Itaete aparecieron; solo el pertinaz sonido de la pala y la mitad de su lomo que asomaba del pozo. Entonces, bruscamente regresó los ojos al tejido que reposaba en su falda y reanudó su tarea emitiendo largos y cansados resoplidos. Al chocar entre si, las agujas de madera de Guatambù produjeron un sonido como de mensaje en Morse, tal vez, Natividad no solo trenzaba el hilo verde sentada en su vieja silla de mimbre, sino también, con el sonido de las agujas como si fuese el de una extraña máquina de escribir, Natividad tejía el lienzo de su propia historia, Alzó los ojos, opacados por las cataratas, como si estuviesen empañados por la humedad del vaho de una boca que suspira contra un vidrio. Y siguió el trazo de los rayos de sol que se arrojaban sobre el lugar, sobre los árboles perlados de colibríes esmeraldas que ya no alcanzaba a distinguir, sobre la tierra negra vestida con las primeras hojas del otoño, sobre el techo de zinc apolillado de la pequeña casa. Era una mirada de esas por las que los espectros de los pocos sueños que aun le persisten se escapan, cansados ente la imperturbabilidad del tiempo.
“Tic tic tic”
-El ya no recuerda como fue exactamente, era muy chiquito, solo le viene a la memoria cuando su taita lo sentó y le contó que siendo aun jovencito, en los años de la guerra, sus padres habían enterrado las cositas brillantes de la familia en algún lugar en estas tierras, porque si los del ejercito las encontraban seguro se las robaban. Usted sabe, aquí había mucho oro en aquel entonces, muchas piedras bonitas; ahorita vaya usted a saber donde están. Pero estar… ¡están!, ¡eso es seguro!, en algún lado enterradas alrededor de esta casa. Por eso mientras el busca las cositas brillante, yo me siento y tejo, mire ¿ve?.-
El foco de la cámara grabó sus manos marrones, curtidas por el trabajo, surcadas por una red de oscuras venas negras. Y como una actriz coqueta, Natividad detuvo el entrechocar de las agujas para exhibir el tejido de hilo verde que a mi sorpresa y con un poco de imaginación adiviné era la forma de la funda para un almohadón, en cuyo centro aparecía la figura de una flor de Camalote que poseía detalles miméticos demasiado realistas con la planta original, detalles que hubiese creído imposibles de realizar para alguien con el avanzado estado de deterioro de sus ojos. Luego, las agujas volvieron a su batalla.
“Tic tic, tac tac”
–llevamos mas de 60 años buscando, él hace los pozos y yo espero, ¡si señor!, y ya ha hecho tantos que pienso que ha vivido toditos estos años siempre a dos metros debajo mío, pero todavía no ha encontrado nada, ni siquiera una chapita de la sevenà, solo piedras, y raíces de cedro y Guatambò.- Nuevamente, sus ojitos lagrimosos giraron en busca de Itaete, pero no encontró ni ese trocito de espalda que antes asomaba. Había desaparecido tragado por su propia búsqueda, y solo brotaban los granos de tierra negra que volaban como bandadas de moscas negras. Natividad suspiró un poco y volvió a chasquear la lengua, antes de que las agujas reanudaran su monólogo.
“tic tic tac, tic tic tac”
-Nunca hemos descansado, no señor, nunca, y jamás nos vamos a mover de acá. Nuestra hija se fue hace ya dos años, se voló del nidito agujereado, ¡mi linda Anahì!. Nunca le gustó la vida de por acá, decía que no íbamos a encontrar nada, que todo esto es una ilusión, una locura; que ya nada queda en este lugar mas que tristezas, muchas tristezas y mosquitos…así que se fue a Asunción a estudiar para veterinaria, pero como no le hemos podido mandar dinero, tuvo que abandonar, ahorita trabaja en una fabrica de curtiembre de cuero, y también de empleada doméstica, porque sino no le alcanza para vivir., Según me dijo el año que viene tiene pensado irse a la Argentina, dice que una amiga de ella que vive en Buenos Aires le dijo que allá se gana bien, entonces me dijo que con un poco de esfuerzo va a estudiar veterinaria allá y que no me preocupe que le va a ir bien-.
Buscó a Itaete, pero esta vez para evitar su atención, para confirmar que no escuchaba. Entonces pude adivinarle un nuevo y repentino brillo en los ojos, similar a esa mirada de picardía que tienen los gatos cuando están a punto de abalanzarse sobre una pelota de lana; y estirando hacia delante su albina y arrugada cabecita adherida a ese cuello de tortuga, susurró: -También me contó que está de novia, que por fin luego de tantos años siente que encontró un muchacho bueno que la quiere mucho, ya están haciendo planes para casarse cuando se establezcan en Argentina. -¿Qué le parece?, al final creo que va a ser muy bueno para ella, tal vez tenía razón y acá ya no hay nada, tal vez es verdad y todo esta muerto, enterrado como las cositas brillantes o a punto de estarlo, como nosotros; bueno, en eso Itaete me lleva la delantera, porque él siempre esta bajo la tierra.- y su rostro se arrugó hasta desaparecer tras una enorme sonrisa desdentada.
“Tic tic tac tac”
-¿Usted quería una historia de la guerra no?, para meterla en su maquina de televisión ¡Pobrecito!, al final se encontró con dos viejos que buscaron toda sus vidas las cositas brillantes que quedaron atrapadas de esa época, como si Tupa no nos las quisiera devolver, yo pienso que es como un castigo ¿ve?, como si nos dijera, esto es mío, ustedes no lo supieron cuidar, tuvieron su tiempo, tuvieron mis cositas brillantes , y luego no supieron cuidarlas, descuidaron mi tierra, a mis hijos, ustedes no merecen mis riquezas y así fue como todo quedó enterradito, escondidito para que nunca mas lo encontremos. Así las cosas después de a guerra.
Natividad, tejía, y las agujas replicaban como un nuevo reloj, uno que marca las vidas con un tic tac mas imperfecto, menos mecánico, o mejor dicho de una mecánica distinta. De sus labios todo el tiempo que estuvimos filmando no salió ni una sola palabra, ni un solo sonido excepto un intrascendente chasquido, seco, que contrastaba con los sonidos de la selva pero se acoplaba perfectamente al del reloj-maquina de escribir de sus agujas de Guatambù.
“Tic tic tic tac tac tac”
¿Lo guardó todo en su maquina de televisión?, ¡que lastima que yo no tenga una televisión;, tuve una un tiempo pero luego se estropeó y ahora además no me queda mucho por ver y si por escuchar. Así que prefiero el canto de los pájaros, del agüita del río, del viento cuando se hace de noche y también, y es lo que mas me gusta escuchar, la pala de Iitaete; porque es un sonidito de esperanza, como en los sueños que siempre me vienen cuando duermo, un sueño en el que va a saltar del pozo en un grito, -¡Mi Natividad, mi Natividad!, aquí están sus cositas brillantes, mi amorcito mi vidita, aquí están-, y me entrega un beso como de esos que me daba de jovencitos, y me mostraría todo, todito ,las cositas que brillan como pequeñitos soles en sus manos, brillan como solo en mis sueños pueden brillar.